Cuando se piensa cómo organizar un sistema de salud para que funcione de manera coherente, la idea de integración vertical aparece como eje central en la mirada de Julio Fraomeni. Más que una definición técnica, se trata de una forma de alinear financiación y prestación dentro de una misma estrategia. Integrar la empresa de medicina prepaga con sanatorios y centros propios permite ordenar esa relación y convertirla en una herramienta concreta para mejorar la calidad asistencial y la experiencia del paciente.
Cuando el financiador y el prestador responden a una misma estrategia, se reducen las barreras entre niveles de atención y se facilita el diseño de circuitos claros para el paciente: desde la consulta ambulatoria y los estudios diagnósticos, hasta una eventual internación y la rehabilitación. Esta continuidad no solo mejora la percepción de cuidado, sino que también impacta en resultados clínicos, al disminuir tiempos de espera, duplicidad de estudios y fallas de comunicación entre equipos.
Para Fraomeni, la integración vertical también ofrece una ventaja clave: contar con información unificada. Al disponer de datos clínicos y administrativos en un mismo ecosistema, es posible analizar indicadores de calidad, identificar brechas de atención, monitorear patologías crónicas y diseñar programas preventivos más precisos. La gestión deja de ser reactiva para transformarse en planificación basada en evidencia.
Este modelo, sin embargo, exige altos estándares de organización interna. Requiere protocolos compartidos, formación continua del personal, inversiones sostenidas en tecnología y una cultura institucional que priorice la seguridad del paciente por encima de cualquier lógica parcial. La integración vertical se convierte así en una herramienta para sostener decisiones clínicas responsables, respaldadas por una estructura que acompaña.
En la trayectoria de Julio Fraomeni, este enfoque funciona como un pilar: articular financiamiento y prestación para que cada decisión empresarial se traduzca en mejores condiciones de acceso, atención y seguimiento. En definitiva, integrar no es solo sumar eslabones, sino construir un sistema donde el paciente recorra un camino más claro, acompañado y seguro.